Mandás el archivo, te sentás tranquilo y a los diez minutos llega el mail: "Está bueno el diseño, pero necesito que lo mandes con 3 mm de sangrado y marcas de corte".

Si nunca preparaste un original, esa frase suena a idioma extranjero. Y si la resolvés mal, el resultado se ve en el producto final: una línea blanca finita en el borde de una tarjeta, un texto cortado al ras, un folleto que dobla justo donde no tenía que doblar.

La buena noticia es que no hay nada complejo detrás. Son cuatro o cinco conceptos que se entienden en diez minutos y después se aplican solos. Te los explico uno por uno, con la ubicación y el color que corresponde a cada elemento.

El problema que hay detrás de todo esto

Una imprenta no imprime tu tarjeta sola. Imprime un pliego grande con muchas tarjetas repetidas, y después corta.

Ese corte no lo hace una persona con tijera. Lo hace una guillotina que baja sobre una pila de cientos de hojas apiladas. Por más precisa que sea la máquina, la pila se mueve un poco, el papel se comprime, la hoja de arriba y la de abajo no quedan exactamente iguales.

Siempre hay una tolerancia de aproximadamente uno o dos milímetros.

Ese milímetro de desvío es el origen de todo el asunto. Si tu fondo de color termina exactamente en la línea de corte, alcanza con que la guillotina se corra un pelitoo hacia afuera para que aparezca un borde blanco de papel sin imprimir. Y un borde blanco irregular arruina cualquier pieza.

Qué es el sangrado (o demasía)

El sangrado es la porción de diseño que se extiende más allá de la línea de corte final para que ese desvío no se note.

También vas a escucharlo como demasía, sangría o bleed. Es lo mismo.

La medida estándar en Argentina es de 3 mm por cada lado. En trabajos grandes, tapas de libros o materiales que llevan mucha manipulación suele pedirse 5 mm, y algunas imprentas trabajan directamente con esa medida. Conviene preguntar antes de empezar el archivo, no después!.

Un ejemplo concreto. Si tu tarjeta mide 90 × 50 mm y le agregás 3 mm de sangrado en los cuatro lados, el archivo se arma de 96 × 56 mm. La pieza final va a medir 90 × 50, pero el fondo llega hasta el borde de esos 96 × 56.

Esos 3 mm son material que se va a la basura. Están ahí solamente como colchón de seguridad.

Un detalle importante: el sangrado tiene que ser contenido real, no una imagen estirada a último momento. Si la foto no llega, hay que buscar una versión más grande o rediseñar la zona. Deformar la imagen tres milímetros para tapar el hueco se nota, sobre todo si hay una línea de horizonte o una cara cerca del borde.

El margen de seguridad: el otro lado de la misma moneda

Si la guillotina puede correrse hacia afuera, también puede correrse hacia adentro. Por eso existe el margen de seguridad.

Es una línea imaginaria 3 a 5 mm hacia adentro del corte donde no debería haber nada importante: textos, logos, números de teléfono, rostros, íconos.

La regla práctica es simple:

Todo lo que tiene que llegar al borde, se extiende 3 mm hacia afuera.

Todo lo que no puede perderse, se mantiene 3 mm hacia adentro.

En el medio queda la zona donde el corte puede caer sin que nadie se dé cuenta.

Las marcas que lleva un original

Además del diseño, un archivo listo para imprenta lleva una serie de marcas que la máquina y el operario usan como referencia. Van todas por fuera del área de corte, nunca dentro de la pieza.

Marcas de corte

Son las líneas finas que aparecen en las cuatro esquinas e indican por dónde tiene que pasar la guillotina.

No forman un rectángulo completo: son pares de líneas cortas que dejan libre la esquina, justamente para que su prolongación imaginaria marque el punto exacto de corte.

Se ubican afuera del área de corte y separadas del borde, con un desplazamiento que suele ser también de 3 mm. Ese desplazamiento existe para que las marcas no se metan dentro de la demasia: si se superponen, podrían llegar a imprimirse sobre la pieza.

Cruces de registro

Son esas dianas que parecen un círculo con una cruz adentro. Aparecen centradas en los lados del pliego, siempre fuera del área de corte.

Sirven para algo distinto que las marcas de corte. Una impresión en cuatricromía se arma con cuatro planchas: cian, magenta, amarillo y negro. Cada una imprime por separado y las cuatro tienen que coincidir con una precisión milimetrica.

Como la cruz de registro se dibuja en todas las planchas a la vez, el operario puede mirar el pliego y ver al instante si alguna se corrió. Si las cuatro cruces se superponen en una sola, el registro está bien. Si se ven bordes de color asomando, hay que ajustar la máquina.

Ese es el motivo por el cual estas marcas no van en negro, sino en color Registro.

Qué es exactamente el color "Registro"

Es la duda más frecuente y vale la pena aclararla, porque a simple vista se ve negro.

El color Registro (o Registration) es un color especial que llevan todos los programas de diseño y que significa 100% de todas las tintas al mismo tiempo: 100 de cian, 100 de magenta, 100 de amarillo y 100 de negro.

Al estar en todas las tintas, lo que dibujes con ese color aparece en las cuatro planchas.

  • Si una marca va en negro, se imprime solamente en la plancha de negro. Inútil para controlar el registro.
  • Si va en Registro, aparece en todas. Que es exactamente lo que se necesita.

Por eso mismo hay una regla que nunca hay que romper: el color Registro jamás se usa dentro del diseño. Un texto en Registro son cuatro tintas superpuestas sobre el mismo trazo. Se satura el papel, se corre la tinta, los bordes se revientan y el registro se ve fatal, termina siendo totalmente ilegible. Registro es para marcas técnicas, nada más.

Marcas de doblez

Cuando la pieza se pliega (un díptico, un tríptico, un folleto) hay que indicar dónde va cada doblez.

Se dibujan como líneas punteadas, fuera del área de corte, alineadas con el punto exacto del pliegue. Normalmente se ubican en los márgenes superior e inferior si el doblez es vertical, y a los costados si es horizontal.

La convención habitual es dibujarlas en color Magenta, igual que las marcas de corte, diferenciándolas con el punteado. Cuando el plegado es complicado (un tríptico con cierre hacia adentro, un plegado en zigzag, un acordeón) conviene además mandar un esquema aparte, en una página adicional del PDF, mostrando cómo tiene que quedar armada la pieza. Un boceto simple evita malentendidos caros.

Y un dato que se olvida seguido: en un plegado envolvente, los paneles no miden todos lo mismo. La solapa que se mete hacia adentro tiene que ser un par de milímetros más angosta para que el papel cierre sin arrugarse. Esa medida depende del gramaje, así que se consulta con la imprenta antes de armar la grilla.

Troquel y hendido

Acá cambia la lógica, y es importante entender por qué.

El troquel es el corte con forma: una etiqueta redondeada, una caja, una ventana, un colgante. El hendido es la marca que se hace para que el cartón doble prolijo sin quebrarse.

Los dos se dibujan como trazados vectoriales sobre la pieza, pero no se imprimen: son la guía para fabricar la matriz que va a cortar o marcar el material.

Por eso el troquel no va en color Registro ni en CMYK. Va en una tinta plana (color directo, spot o Pantone) creada especialmente, con un nombre claro, del estilo "Troquel", "Corte" o "Die Cut". De esa forma la imprenta puede separarlo en una plancha propia y trabajarlo aparte.

Tres cuidados que hacen la diferencia:

El trazo del troquel se configura como sobreimprimir (overprint), para que no genere un hueco blanco debajo del diseño.
Va en una capa separada, ubicada arriba de todo y bien identificada.
Cada terminación lleva su propia tinta plana con su propio nombre. Si el trabajo tiene troquel, hendido y laca sectorizada, son 3 colores distintos, no 1.

Lo mismo vale para barniz UV localizado, estampado metálico, relieve o cualquier terminación que necesite una matriz aparte: siempre tinta plana con nombre, en su capa, en sobreimpresión.

La convención más difundida es dibujar el corte del troquel con línea continua y el hendido con línea punteada, en colores bien visibles y distintos entre sí (el magenta es habitual para el corte). De todos modos, no es una norma universal: conviene acordar los nombres y colores con tu imprenta antes de armar el archivo, porque cada taller tiene su costumbre.

Resumen de colores, para tener a mano

  • Marcas de corte, cruces de registro, barras de color e información de página: color Registro (100% de las cuatro tintas).
  • Troquel, hendido, barniz sectorizado, estampado, relieve: tinta plana con nombre propio, en capa aparte y en sobreimpresión.
  • El diseño de la pieza: CMYK, o Pantone si el trabajo se imprime con tintas directas.
  • Negro de textos: 100% de negro solo, sin las otras tintas. Los negros compuestos se reservan para fondos y masas grandes.

Dónde van las notas para la imprenta y de qué color

Muchas veces necesitás aclarar algo que el archivo por sí solo no dice: el papel, el gramaje, la cantidad de tintas, si hay una cara que va sin imprimir, si la pieza se pega o se abrocha.

Esas indicaciones van fuera del área de corte, en el margen exterior del documento, por afuera del sangrado y de las marcas. Habitualmente se ubican en el pie del archivo o en el lateral, en una zona limpia donde no se superpongan con las cruces de registro ni con las barras de control.

Nunca dentro de la pieza, aunque sea "solo un momentito para después borrarlo". Esas cosas terminan impresas.

El color más usado para estas notas es Registro, por el mismo motivo que las marcas: aparecen en todas las separaciones y el operario las ve trabaje con la plancha que trabaje. Se escriben en un cuerpo chico, con una tipografía neutra y bien legible.

Una alternativa razonable, sobre todo cuando el archivo lleva muchas indicaciones, es armar las notas en una tinta plana identificada como no imprimible (por ejemplo, "Indicaciones") en la misma capa técnica del troquel. Otra vez: es una convención que conviene confirmar con el taller.

Qué conviene que digan esas notas:

  • nombre del trabajo y del cliente;
  • medida final de la pieza y medida con sangrado;
  • cantidad y tipo de tintas (frente y dorso);
  • papel, gramaje y terminaciones;
  • cantidad de ejemplares;
  • fecha y versión del archivo;
  • un contacto para consultas.

Igual, una aclaración honesta: las notas dentro del archivo no reemplazan a la orden de trabajo. Repetí siempre las especificaciones en el mail o en el presupuesto. El archivo lo abre el operario de preprensa; el papel lo compra otra persona.

Cómo se prepara todo esto en la práctica

El orden importa, porque hay cosas que corregir al final cuesta el triple.

  1. Creá el documento con la medida final y el sangrado configurado desde el arranque. Todos los programas de diseño tienen ese campo al crear el archivo. Definirlo después obliga a rearmar la página.
  2. Definí los márgenes de seguridad y respetalos mientras diseñás.
  3. Extendé hasta el borde del sangrado todo lo que toca el corte: fondos, fotos, franjas de color, texturas.
  4. Dibujá el troquel y los hendidos en su capa, con su tinta plana y en sobreimpresión, si la pieza los lleva.
  5. Escribí las notas técnicas en el margen exterior.
  6. Exportá en PDF, preferentemente en un estándar PDF/X, activando la opción de marcas de impresora y sangrado. En general vas a encontrarla en el panel de marcas y sangrado del cuadro de exportación, con un campo de desplazamiento que conviene dejar en 3 mm.
  7. Revisá el PDF exportado antes de mandarlo. Miralo con la previsualización de separaciones o de sobreimpresión de tu visor de PDF: ahí vas a ver cuántas tintas tiene realmente el archivo. Si esperabas cuatro y aparecen seis, algo esta mal.

Los errores que más se repiten

  • Diseñar sin demasia y agregarla al final estirando las imágenes.
  • Poner textos o logos pegados al borde.
  • Usar color Registro dentro del diseño.
  • Dejar el troquel en CMYK, con lo cual se imprime como una línea de color sobre la pieza.
  • Mandar el troquel sin sobreimpresión, que abre un hueco blanco en el diseño.
  • Dejar imágenes en RGB o en baja resolución.
  • Suponer que la imprenta va a "acomodar" lo que falte.

Para cerrar

El sangrado y las marcas no son un capricho técnico ni un trámite. Son la forma que encontró la industria gráfica de convivir con algo inevitable: el papel se mueve, las máquinas tienen tolerancia y la precisión absoluta no existe.

Entender eso cambia la manera de diseñar. Dejás de pensar la pieza como una imagen fija y empezás a pensarla como un objeto que va a pasar por una máquina.

Si estás por mandar un archivo a imprenta, hacé una última pasada con tres preguntas: ¿el fondo llega hasta el sangrado?, ¿lo importante está adentro del margen de seguridad?, ¿el PDF salió con las marcas puestas?

Con eso resuelto, el 90% de los problemas de impresión desaparecen antes de nacer.

Y si tenés dudas con un trabajo puntual, siempre conviene llamar a la imprenta antes de empezar el archivo. Cinco minutos de charla ahorran una tirada entera.